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México



La Campaña Presidencial de 2012


La Campaña Electoral Presidencial de México 2012, fue una campaña muy competida, donde se pusieron en juego intereses inmensos e inmensas sumas de dinero. Fui el responsable de la estrategia de la campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador desde su inicio hasta el día 31 de mayo de 2012. En ese día dejé la campaña por decisión del Candidato, debido al escándalo mediático conocido como el “Charolazo”, donde una grabación ilegal fue difundida por el Periódico “El Universal” en la cual yo aparecía estimando las necesidades financieras de la campaña y pidiendo apoyo a empresarios.

Quiero decir que escribo esta nota un año después de ocurridos los hechos. En este tiempo, después de muchas protestas, se aceptó el triunfo del Candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. Andrés Manuel López Obrador transformó en Partido Político su Movimiento MORENA. Durante la campaña y en los meses que siguieron a la elección fui difamado, atacado, exhibido como trofeo político en spots del PRI. No me he quejado, porque parte de la vida de un Consultor Político de alta profesionalidad, es recibir ataques de sus adversarios. Ningún mal consultor, o consultor mediocre, es atacado nunca. Ésta es una de las reglas de nuestra profesión.

En este momento, pasado un año de la elección, me ha parecido importante revelar la verdad histórica de lo ocurrido en esta campaña. Este relato no me va a hacer ganar amigos, porque no lo relato como militante de ningún partido, sino con la mayor objetividad y libertad de análisis. Lo que digo aquí ya no va a cambiar ningún resultado electoral, pero creo que todos merecen recuperar la verdad histórica de hechos políticos importantes para México y para el mundo.

Mi llegada a la campaña de AMLO
 

El 15 de noviembre de 2011, recibí una comunicación, mediante un formulario de contacto de mi website, de una persona que formaba parte de la Campaña de AMLO, y que trabajaba con el Cineasta Luis Mandoki. Ellos habían sido designados como responsables de la campaña, pero, más allá de su vastísima experiencia cinematográfica, consideraban que no tenían los conocimientos específicos para la realización de una campaña electoral presidencial. De inmediato coincidimos en una serie de conceptos sobre la campaña, sobre lo que debía hacerse y sobre lo que hasta el momento no se había hecho bien.

En ese momento las mediciones disponibles daban una ventaja a Peña Nieto de aproximadamente cuarenta puntos (54% de EPN frente a 14% de AMLO). Luis Mandoki se sorprendió cuando le dije que, a mi manera de ver, era una campaña que perfectamente, con el equipo que podíamos formar nosotros, podríamos ganar.

Después de algunas semanas, y después de desarrollar conceptualmente nuestra propuesta de Campaña, Luis Mandoki se reunió con López Obrador. El resultado de la reunión fue un balde de agua fría para nosotros. AMLO dijo que de ninguna manera iba a aceptar la presencia de un consultor extranjero en su campaña, porque en ese caso “sería igual a los demás”. Agregó que los consultores después se “atribuían ellos los triunfos”. Ningún comentario hubo sobre si, a su juicio, mi presencia aumentaba o no sus posibilidades de ganar la Presidencia.

A pesar de esa negativa rotunda, Luis Mandoki sin embargo no se dio por vencido y continuó tratando de convencer a otros integrantes del comando de campaña del interés de nuestro proyecto. De mi parte, le hice saber a Luis Mandoki que era mejor abandonar la idea, porque no tenía interés en trabajar con un candidato que no mostraba ganas de ser Presidente. Agregué que algo que no podía hacer ningún consultor era despertar en un candidato las ganas de ganar una elección y ser Presidente. Percibí que mi respuesta no le gustó a Luis Mandoki, y durante más de dos meses dimos por cerrado el asunto.

A principios de febrero de 2012, volvimos a hablar. Luis Mandoki mostraba una voluntad y tenacidad a toda prueba. El estímulo para trabajar en la campaña, que nunca llegó del candidato, sí me llegó de su entusiasmo y esfuerzo. Admiraba mucho a Luis Mandoki por su talento como artista, la campaña me hizo admirarlo mucho más todavía como persona. Finalmente decidimos que yo iría a México y que, sobre el terreno, veríamos como transformábamos el caos reinante en una gran campaña. El 15 de febrero, tres meses después de nuestro primer contacto, me integré a la campaña de AMLO trabajando junto a Luis Mandoki.
 

Mi vínculo con AMLO y el crecimiento de la campaña

Conocí a López Obrador en su casa. Por gestión de Luis Mandoki nos encontramos a comer unos tamalitos en su pequeño departamento de Colonia del Valle a las nueve de la noche. Mandoki estaba inquieto, no descartaba que Andrés Manuel nos echara de su casa a los cinco minutos de llegar. Me llamó la atención la austeridad y la modestia del lugar donde vivía. Comenzamos a comer en un ambiente tenso. López Obrador comía en silencio sus tamales, con cara de contrariado, de mal humor, y mucha desconfianza.

Yo empecé a volcar mis opiniones sobre la campaña y sobre la coyuntura política mexicana, sin dar importancia a sus gestos poco amigables. Le dije que no tenía la menor duda de que podíamos ganar la elección, le expliqué en detalle porqué creía eso. A medida que hablábamos, la tensión disminuyó. Él comenzó a plantear sus ideas. Contrariamente a lo que seguramente esperaba, no quise congraciarme con él. Estuve en desacuerdo con varias de sus opiniones. Le expliqué con claridad mis motivos. El resto de la cena giró sobre coincidencias, en un clima cordial. Lo que Mandoki creyó que sería un encuentro de pocos minutos, duró muchas horas. Al despedirnos, ya muy tarde, me dijo que se alegraba de haberme conocido, y que estaba seguro de que yo le podría ayudar mucho en su campaña.

Cuando comenzamos a tratar, con Luis Mandoki, de proporcionar una estrategia y orden conceptual a la campaña, nos encontramos con un caos de consultores, publicistas, agencias y allegados al candidato que no podían condensar ninguna idea clara, y mucho menos darle legitimidad. Desde un principio percibí que había algunas personas que estaban cerca del candidato por objetivos difíciles de precisar. Lo único que era claro era que sus objetivos no eran el triunfo de Andrés Manuel. En algunos casos percibí, de manera inequívoca, que saboteaban la campaña. Lo que más me preocupó era que esos saboteadores estaban en el círculo más íntimo del candidato.

Antes de que comenzara la campaña propiamente dicha, las personas más cercanas al candidato habían generado dos problemas. El primero, en un encuentro con desarrolladores inmobiliarios, el encargado de prensa, César Yáñez, había permitido la entrada de periodistas en un encuentro que siempre se quiso privado y a solas, pero sin advertir a López Obrador. Ahí grabaron al candidato diciendo que estaba “cansado” y que si esta vez perdía “se iría a la chingada”. Esto fue dicho en un contexto de competencia electoral donde los adversarios trataban de mostrarlo como el candidato más viejo y cansado. Fue el primer daño autoinfligido, que no sería el último ni el peor.

El segundo problema, generado por la misma persona, fue ocultarnos la pauta disponible, a Luis Mandoki y a mí, especialmente de la pauta que se disponía en televisión y radio en el Distrito Federal. Se nos dijo que no había pauta, por lo cual no produjimos material de precampaña, pero saturaron hasta el hartazgo más insoportable con el spot de Héctor Bonilla, en un inmenso volumen de pauta que sí existía y que se nos ocultó. Esta saturación desmesurada, sin embargo, no castigó al Candidato, sino a Bonilla, en una especie de linchamiento de imagen. El gran actor, y magnífica persona, Héctor Bonilla fue la primera víctima de los saboteadores internos de la campaña.

El spot de reconciliación.

Los dos primeros spots de campaña que hicimos fueron el que llamamos “Una Historia” y un spot “talking-head” de AMLO, que llamamos “Reconciliación”. Poder realizar estos dos spots fue nuestro primer triunfo interno en la campaña. En el camino nos enfrentamos con un grupo de publicistas y asesores que tenían una idea completamente distinta a la nuestra de lo que debía ser la estrategia de AMLO y que querían ser los asesores “oficiales” del candidato. Ellos argumentaban que AMLO tenía un lastre enorme de opiniones negativas y que su campaña debía “esconderlo” y plantear la campaña no sobre su persona, sino con publicidad de impacto, con argumentos y centrada en su equipo. Había algunos spots horribles, con cadáveres en bolsas plásticas, que querían de todas maneras utilizar.

Nuestro planteo era que sólo él era quien podía ganar la elección, y que la campaña debía centrarse en su persona, que debíamos hacer una tarea de “resignificación” de su candidatura y que debía haber una “reconciliación” con el electorado, con el empresariado, y con la sociedad mexicana en su conjunto. Anticipábamos que la oposición a su candidatura tomaría, tarde o temprano, el tema del plantón de Reforma y de su imagen crispada. Decidimos hacer una especie de pedido de disculpas, una propuesta de reconciliación con la sociedad mexicana, dirigido especialmente a los líderes de opinión de México. Pusimos a Andrés Manuel con traje y corbata, con imagen presidencial, con una actitud conciliatoria, extendiendo su mano a todos en señal de reconciliación. Mi texto comenzaba: “Ofrezco mi mano, en señal de reconciliación…”. AMLO le agregó el adjetivo “franca”. Quedó, “Ofrezco mi mano franca, en señal de reconciliación…”.
 

 

 

 


“Una Historia”

El spot de “Una Historia” fue el primero en ser concebido. Lo redacté en mi hacienda, en Uruguay, en el mes de diciembre, después de las primeras conversaciones telefónicas con Luis Mandoki. Fue un spot que quiso tomar el concepto de “Movie Trailer”. Representaba la idea de “Cambio Verdadero” y de una “nueva historia”, después de las décadas de gobierno del PRI y de la sangrienta guerra de Felipe Calderón. Tenía un tono épico, que retomaba el espíritu trascendente de una izquierda olvidada. Hubo un trabajo excelente de búsqueda fotográfica, de edición, de música y contó con la magnífica locución del gran actor Damián Alcázar.

 

 


 


La evaluación del inicio de la Campaña.

Nuestras primeras acciones de campaña fueron muy observadas. No tanto por los adversarios como por una multitud de críticos internos. Se hizo rápidamente un consenso, sin embargo, de que habíamos dado en el clavo. Roy Campos, en un programa de Joaquín López Dóriga dijo: “en tres semanas de campaña, AMLO pasó a tener su mejor imagen del sexenio”.

Mientras tanto habíamos producido una nueva foto de campaña y habíamos reformulado la línea gráfica. Dirigí la foto de campaña con los mismos principios que presento en “cómo tomarse una buena foto de campaña”, en este sitio. El resultado, un AMLO cercano, bonachón y sonriente. La línea gráfica, de nuestro diseñador guatemalteco Julio Montenegro, tomó un estilo tipográfico firme y sólido cercano al usado por Barack Obama en la última elección. Con un grafismo con los colores mexicanos en la O y un sol amaneciente. "Me gusta la sandía", comentó Andrés Manuel con un tono burlón.

 


 

 


Las cosas comenzaban bien. Pero al cerco mediático que había hecho una unanimidad de opiniones sobre la idea de que AMLO estaba excluido de toda posibilidad de triunfo, se sumaba un cerco mucho más asfixiante. Un cerco económico. Un cerco que decía, ante cada idea, ante cada contenido de campaña, que no se podía hacer, porque no había dinero.

La precampaña y el inicio de la campaña los habíamos hecho con el esfuerzo y la decisión unilateral de Luis Mandoki y yo. La productora acumulaba deudas, ni los partidos de la coalición que apoyaba a AMLO, ni la propia campaña de AMLO, cumplían sus compromisos y pagaban la campaña de aire, que era la que hacía crecer al candidato. Los millonarios de Monterrey que habían hecho muy notorios acuerdos con el candidato, no habían puesto, ni pondrían nunca, un centavo para la campaña. De ahí sólo salían ideas publicitarias y críticas, que era exactamente lo que no necesitábamos.

La campaña de aire de AMLO era una campaña que, más que pobre, estaba en la miseria, dentro de una multitud de presuntos aliados ricos. López Obrador parecía cómodo dentro de esa pobreza de recursos. Creo que suponía que su carisma, en soledad, iba a hacer el milagro de construir una campaña de la nada. Mientras tanto Luis Mandoki y yo, con nuestro trabajo y esfuerzo, pagábamos la campaña. En aquél momento, escribí un tweet que decía: “La mayoría de los candidatos pierden las elecciones por un solo voto: el Voto de Pobreza”. No venían recursos ni del IFE, ni de Monterrey, ni de los partidos de la coalición, ni del DF.

El único “aporte” que hizo Marcelo Ebrard a nuestra campaña, fue faltar repetidas veces a nuestros llamados de producción, con lo que perdíamos grandes cantidades de recursos, cuando estábamos en la búsqueda de un spot con el “Gabinete Designado”, que nunca llegó a realizarse, por falta de compromiso y de interés del entonces Jefe de Gobierno del DF.
 

 

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