México
La Elección Presidencial.
Las elecciones de julio de 2006 tuvieron muy pesadas consecuencias en la sociedad
mexicana. Los principales candidatos de entonces, Andrés Manuel López Obrador y
Felipe Calderón Hinojosa, se enfrentaron duramente en la elección y después de
ella. López Obrador tuvo la elección ganada, pero hizo todo aquello que algunos
ganadores de encuestas hacen, se quedó estático disfrutando del espejismo de las
encuestas y abandonó de hecho la campaña. No asistió a los debates y cometió el
peor de los pecados políticos: la omisión y la ausencia.
Andrés Manuel López Obrador debió ganar esa elección por muchos millones de
votos. No necesitaba para eso de una gran campaña. Sólo necesitaba una que no
hubiera sido suicida, como la que tuvo. Habría llegado a la Presidencia de
México con una victoria aplastante, indiscutible, más allá del alcance de
cualquier hipotético fraude físico o electrónico.
López Obrador llegó, sin embargo, en su caída libre, en su catástrofe
autogenerada, a distancia de cañón de su adversario. Unos pocos cientos de miles
de votos mal contados cambiaron el marcador y el destino de México, de Calderón
y de López Obrador. La desprolijidad del escrutinio hundió a México en una de
las peores crisis políticas de su historia reciente. Una teatralización de la
autoridad electoral, que, presuntamente contra el pedido de Felipe Calderón,
quemó las hojas de votación sin volver a contarlas, cerró el capítulo electoral,
pero abrió una interminable crisis postelectoral que hasta hoy sufren todos los
mexicanos.
La Presidencia de Felipe Calderón Hinojosa estuvo marcada por una gran crisis
de legitimidad. Durante un tiempo, Andrés Manuel López Obrador se autodenominó
el Presidente Legítimo de México.
Para compensar su falta de legitimidad política, Felipe Calderón Hinojosa
tomó dos cursos de acción principales, ambos determinantes del presente social y
del futuro político de México. Por un lado inició una guerra, en el terreno
militar, contra el narcotráfico, con el objetivo de fortalecer su legitimidad
social. Los resultados, sin embargo, fueron los contrarios a los buscados. Muy
lejos de traer paz social y seguridad a los mexicanos, abrió la puerta a un
infierno de violencia atroz que ensangrentó como nunca a México durante el
último lustro. La acción militar solamente alteró equilibrios entre cárteles,
dejó plazas vacantes por los que se iniciaron nuevas guerras entre jefes narcos.
Estados tradicionalmente tranquilos se volvieron escenarios de una inconcebible
violencia.
En el plano político, Felipe Calderón Hinojosa también cambió el mapa vigente
hasta entonces. Para buscar legitimidad y apoyo político en las instancias
federales, entregó poder al PRI en los Estados, concediendo elecciones, en
múltiples campañas de Presidentes Municipales, de Diputados Locales, y de
Gobernador. El PAN, el mismo partido que, una década antes, había dejado al PRI
en situación de retirada después de la derrota demoledora del año 2000, le dió
una nueva proyección territorial y la perspectiva más que probable de quedarse
con la Presidencia de México en 2012.
Por último, en el plano de los candidatos, el PRI, además de su fortaleza
institucional y territorial, cuenta con Enrique Peña Nieto. Una figura joven y
muy seductora para el electorado mexicano, Gobernador del Estado de México, el
Estado más poderoso del país en términos demográficos y económicos. Enrique Peña
Nieto, quien ha visto acumularse los datos favorables a su candidatura durante
toda su gestión, ha dado y recibido lealtades de los gobernadores y candidatos
locales de su partido, a quienes ha ayudado en sus campañas en las competencias
de los últimos años.
Felipe Calderón Hinojosa le ha dejado a su partido todos los pasivos de una
victoria realmente pírrica, de la que difícilmente podrá sobreponerse en el
corto plazo.
En el PRD, las dos figuras de mayor dimensión en esta coyuntura son Andrés
Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, quien gobierna el Distrito Federal. Para
López Obrador es dificil presentarse nuevamente con actitud ganadora, cuando él
mismo y todos los mexicanos saben, que desperdició la oportunidad de su vida en
las elecciones pasadas, por su propios errores y su actitud temeraria.
La experiencia de 2006 es la mejor demostración para saber que ninguna
victoria se logra antes del día de la elección. Ésta elección presidencial será
emocionante y trascendental, como lo es siempre, especialmente desde la última década,
cuando México ingresó a un sistema político y de partidos verdaderamente
competitivo.
La eficacia de las campañas, va a ser el elemento determinante
que selle el destino final del proceso. Nuestra empresa, que ha trabajado
exitosamente en México desde el año 2001, es la mejor garantía para obtener los
resultados electorales y políticos buscados.
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La pirámide de los precandidatos...
En política, algunas veces, menos es más. Eso sucede con los precandidatos
presidenciales. El partido hoy más fuerte, el PRI, tiene solamente un candidato
presidencial, Enrique Peña Nieto. El más débil, el PAN, tres precandidatos. Y en
el medio, el PRD tiene dos. Uno de ellos es, otra vez, Andrés Manuel López
Obrador, el otro, Marcelo Ebrard, quien gobierna el Distrito Federal.

Enrique Peña Nieto tiene el camino abierto. Cuenta con la legitimidad
necesaria en su partido. Para ganar necesita solamente recorrer un camino
relativamente sencillo de poder, liderazgo y serenidad. Debe enfrentar con
decisión, y debe tener una palabra firme, para todos los temas de campaña
que ocupen el centro del debate, la mayoría de los cuales debe él mismo imponer.
Sabe, porque López Obrador se lo recordó en el año 2006, que le está vedado
renunciar a debatir con sus adversarios, aunque las encuestas lo favorezcan.
Debe cuidarse de campañas demasiado creativas, y debe ir directamente a los
valores seguros y a un recorrido electoral sin errores. No más que eso, pero
tampoco menos. Esto es precisamente lo que debe asegurarle una campaña
profesional.

López Obrador y Marcelo Ebrard van a dirimir su competencia interna por
encuestas. La peor modalidad de elecciones primarias. En una situación real, de
apoyo equilibrado, debería ganar López Obrador por amplio margen. Simplemente
porque las encuestas hechas previamente a las campañas electorales propiamente
dichas, favorecen muy fuertemente a quien tiene mayor peso de voto anterior.
López Obrador fue candidato presidencial en las elecciones anteriores, Marcelo
Ebrard no. Esta encuesta es una competencia donde ambos precandidatos no salen
del mismo punto de partida. A priori, es una competencia estructuralmente
desfavorable a Ebrard. Los resultados también dependen, por supuesto, de cómo se
defina el universo de los electores que responden. Todas variables ajenas al
desempeño real que puedan tener ambos dirigentes como candidatos. Otros partidos,
como PT y Convergencia, podrían generar alianzas más amplias que cambiaran en
alguna medida la actual relación de fuerzas. Hoy el PRD tiene una subdeclaración
de intención de voto en las encuestas y un importante "voto oculto". Para que
pudiera ganar la presidencia de México uno de estos candidatos, sin embargo, tendría que respaldarse en
una izquierda sólida y unida, sin fisuras post-internas, y en una alianza amplia.
Tendría que contar con
algunos errores muy importantes de parte de Enrique Peña Nieto, y tener una gran,
grandísima campaña electoral.
  
En la base de la pirámide están los tres candidatos del PAN. Los sobrevivientes
de Felipe Calderón y de la gran crisis política generada en 2006. La competencia
más dura es entre Josefina Vázquez Mota y Ernesto Cordero. Las escaramuzas entre
estos dos candidatos, parecen servir al tercero en discordia, Santiago Creel,
una vez precandidato favorito del PAN, finalmente no confirmado. Los tres
precandidatos de este partido, que suman sus intenciones de voto parciales, y
una cierta sobredeclaración del voto hacia el PAN por ser el partido oficial, lo
ponen en muchas encuestas en segundo lugar, por encima del PRD. La definición de
una candidatura única y el desarrollo de la campaña seguramente va a dejar a
este partido en una posición más rezagada.
Las posiciones en el comienzo
Las primeras encuestas de intención de voto para la elección presidencial
mexicana del 1 de julio de 2012 ubican a Enrique Peña Nieto en el primer lugar.
Esta encuesta, realizada por El Universal, es del mes de noviembre de 2011. En
este momento todavía no está dilucidada la elección interna del PAN. La renuncia
de Manlio Fabio Beltrones en el PRI y de Marcelo Ebrard en el PRD, sin embargo,
ya dejaron como únicos aspirantes a Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López
Obrador en sus respectivos partidos.

Y además...
Se van a llevar a cabo, el mismo 1 de julio de 2012 en el que se
elige el Presidente de México, importantísimas elecciones en el Distrito
Federal, donde se elegirá el Jefe de Gobierno, y en Guanajuato,
Jalisco y Morelos, donde se elegirán los respectivos Gobernadores.
Además habrá elecciones locales, donde no se elige Gobernador, en
Campeche, Colima, Estado de México, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y
Sonora.
Descargue aquí el
Calendario Electoral Mexicano 2012
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